Lo “políticamente correcto” ha dejado de ser una anécdota
Manuel Parra Celaya. La prohibición como fórmula, el decretazo como arma, la sanción social como ostracismo para los disidentes. Esta es la atmósfera en la que estamos inmersos todos los ciudadanos occidentales y, en concreto, los habitantes de este laboratorio de pruebas del Pensamiento Único y sus Ideologías, que se llama España. Una anécdota sin importancia ha suscitado estas líneas: recientemente, fui invitado a un evento (ahora, todo son eventos) que se celebraba en un local cedido por una Administración pública; los convocantes sugirieron, para hacer más amigable y simpática la ocasión, que el acto finalizara con un aperitivo, cuyos componentes prácticos fueran aportados por los asistentes; inmediatamente, la susodicha Administración avisó, de forma terminante, que de ningún modo se podrían aportar bebidas alcohólicas, incluyendo la cerveza; ha de añadir que todos los posibles asistentes eran adultos y algunos algo más que eso. He aquí como hube de conformarme con un pincho de tortilla de patata acompañado de una limonada…
Nuestro defecto nacional más destacado no es la envidia, como han sostenido sesudos varones, sino la dejadez
MANUEL PARRA CELAYA. He llegado a la conclusión de que nuestro defecto nacional más destacado no es la envidia, como han sostenido sesudos varones, sino la dejadez. Dejadez aplicada, especialmente, a nuestro patrimonio nacional; me consta que no soy original en esta idea, pero abundo en ella con toda rotundidad. De este modo, los aviesos propósitos de la Memoria Democrática de Pedro Sánchez, que se refieren obsesiva y morbosamente al período histórico del franquismo, ese que debe ser silenciado, manipulado o tergiversado, encuentran fácil acomodo es una sociedad que se desinteresa de todo aquello que considera vetusto, carente de rabiosa actualidad e “inútil” para obtener réditos de él. ¿No te has sobrecogido nunca, amigo lector, cuando te has encontrado con un edificio en ruinas que antaño debió ser palacio o iglesia, convento o fortín, en todo caso, escenario de nuestra historia?
UN TÉ MORUNO EN LA SIERRA DE GREDOS
MANUEL PARRA CELAYA. Ocurrió hace ya diez años, cuando se celebraba el cincuenta aniversario de la creación de la Organización Juvenil Española en el curso de un gigantesco campamento en la Sierra de Gredos. Un grupo de “veteranos” -ahora más seniles que juveniles- participábamos en la efemérides, repitiendo, con alegría, nostalgia y algún que otro dolor lumbar, la experiencia de dormir bajo tienda de campaña y sobre una ruda colchoneta.
Solo un 21% se mostraba partidario de defender al territorio nacional en caso de guerra
Manuel Parra Celaya. En mi acostumbrada y apresurada revista de prensa diaria -en la que, tal como está el patio, volqué mi atención a los asuntos internacionales- me llamó la atención un titular: “Los españoles, los menos dispuestos a tomar las armas” (ABC, 1 de marzo); según una encuesta de Gallup Internacional de 2015, solo un 21% se mostraba partidario de defender al territorio nacional en caso de guerra. Y, transcurridos siete años, me da la impresión de que este porcentaje no ha experimentado mucha variación…
(PRESUNTAMENTE) BRUJAS
MANUEL PARRA CELAYA. Por fin, una buena noticia nos ayuda a disipar un panorama inquietante. Un rayito de sol, inesperado, aclara los nubarrones de esta confusa coyuntura en la que estamos inmersos; por fin, algo nos predispone a recuperar nuestra maltrecha confianza en el parlamentarismo y a ver con optimismo, por lo menos, el futuro de Cataluña. ¿Nos referimos a que se ha puesto fin al procés y todos, electores y elegidos para las altas tareas de legislar y gobernar se han puesto a trabajar para enderezar una maltrecha economía, ofrecer trabajos dignos a jóvenes y mayores, promocionar viviendas sociales o transformar Barcelona en la ciudad moderna y europea de otros tiempos?
¿José Antonio y Ledesma Ramos de derechas?
Manuel Parra Celaya. Algunos domingos suelo leer el ABC, y no por coincidir necesariamente con la línea editorial de Vocento, sino por la calidad de alguna de las colaboraciones y por contrastar la información con la que ofrecen otros medios. Suelo detenerme en “la tercera”, normalmente bien escrita y en profundidad, aunque discrepe de la opinión vertida; sobre todo, no me pierdo en la revista “El Semanal”, que acompaña al diario, el artículo de mi admirado Arturo Pérez-Reverte y la enjundia de la sección “Animales de compañía”, del no menos admirado Juan Manuel de Prada.
Mi inclinación europeísta no me impide sentirme miembro de la ecúmene hispanoamericana
Manuel Parra Celaya. He regresado hace escasos días de una corta estancia en Italia, con ocasión de la Adunata o reunión anual de los Alpini; allí me he encontrado, una vez más, como en mi propia tierra española, como en casa, salvando las pequeñas dificultades del idioma, y en cada ocasión en que he asistido a ese acto me sucede lo mismo. También me sentí como en casa (con más dificultades de comunicación, claro) en otras estancias en Viena, Praga o Polonia. En punto a mi origen y universalidad, comparto plenamente el aforismo de Eugenio d´Ors “Yo soy un ciudadano romano”, y, llevándolo a la actualidad, “yo soy un ciudadano europeo”.
PINTADAS
MANUEL PARRA CELAYA. Desde tiempo inmemorial, los seres humanos hemos tendido a comunicar nuestras reivindicaciones, nuestras cuitas o nuestros desahogos en los muros, para que el prójimo fuera partícipe de nuestras ideas o pulsiones, puramente personales o en busca de la complicidad de otros. Las paredes hablan, siempre se ha dicho, sobre todo cuando se da una censura, explícita o implícita, que coarta la libre expresión; claro que las redes informáticas proporcionan un cierto respiro, pero a todos nos consta que van a por ello…
MÁS ALLÁ DE LA POLÍTICA
MANUEL PARRA CELAYA. Un amigo que leyó mi último artículo (“En camisa de once varas”) me ha reprochado, festivamente, lo que llama un cierto cinismo en su contenido, ya que en aquel afirmo “no entender de política” y escribir sobre ella “por una vez”; mi buen y socarrón amigo opina, por el contrario, que casi todos mis textos son de naturaleza e intención políticas. Me apresuro ahora a rebatirle: el ámbito en el que me suelo mover con la pluma no es la política, sino la metapolítica, salvo en raras ocasiones; y si, al tratar de política, me siento como un pulpo en una perfumería, en esa otra materia pretendo ser un atento alumno que recurre frecuentemente a buenos maestros para progresar adecuadamente, siempre con más o menos fortuna.
REFERENTES: los que nos “dirigen, encaminan u ordenan”
Manuel Parra Celaya. Al contrario de lo que pretenden inculcarnos las tesis individualistas, en su doble faceta neoliberal y posmoderna, el ser humano es social por naturaleza, abierto a la relación constante con todo el resto de su especie y, no se olvide, dotado de historicidad (a diferencia de los irracionales), es decir, vinculado por nexos transgeneracionales. Por supuesto, ocupan un primerísimo lugar las vinculaciones nacidas de la familia, del amor y de la amistad, a las que se traiciona si caemos en su mitificación y no les concedemos los márgenes de error y variabilidad propios de nuestra frágil condición. Pero también nuestra vida precisa de otros referentes, que pueden o no coincidir con aquellas relaciones que podríamos llamar primarias. Estos referentes -acogiéndonos a la acepción segunda que da la RAE al verbo referir- son los que nos “dirigen, encaminan u ordenan” una existencia en función de los valores y cualidades que representan. De hecho, toda persona suele contar con algún tipo de referente, sea de modo consciente o inconsciente; eso de hacerse a sí mismo no deja de ser una frase peliculera o novelesca.